Gestión emocional

Las emociones no desaparecen cuando no las nombramos.
 Solo aprenden a hablar en otro idioma.

Ese idioma suele ser el cuerpo. La tensión en el pecho, el nudo en la garganta, el cansancio que no se va con el descanso. Aprender a gestionar las emociones es posible en cualquier momento de la vida. El primer paso es aprender a escucharnos.

Nombrar las emociones desde pequeñas

Cuando alguien nos enseñó a poner palabras a lo que sentíamos, nos dio algo valioso: la posibilidad de entendernos. Entender las emociones en nuestra infancia nos ayuda a regular mejor el estrés, a relacionarnos con más seguridad y a reconocer lo que necesitamos.

¿Qué pasa cuando no aprendimos esto?

Si crecimos en entornos donde las emociones no tenían espacio o eran una carga, un exceso, algo a disimular, entonces, de adultas podemos encontrarnos con dificultad para identificar lo que sentimos, reacciones que nos desbordan o un cuerpo que acumula lo que la mente no pudo procesar.

¿Lo puedo aprender de adulta?

El cerebro es plástico y la conciencia es un punto de partida poderoso. Aprender a leer las señales del cuerpo (la tensión, la aceleración, el vaciamiento) es una habilidad que se entrena. No se trata de controlarlo todo, sino de habitar lo que sientes con menos miedo y más comprensión.

"La gestión emocional no es no sentir. Es poder estar con lo que sientes sin que te arrastre ni te bloquee"

Generalmente, en la base de muchos diagnósticos actuales, suelen existir emociones mal trabajadas o no reconocidas. Si sientes que tus emociones a veces te superan o que te cuesta saber lo que realmente estás sintiendo, este espacio puede ayudarte a desarrollar herramientas para que puedas vivir más plenamente.